Si como apuntaba Gallardón minutos antes del inicio de las votaciones «el único fracaso es rendirse», ya podemos concluir que Madrid no se ha rendido en ningún momento. En el último minuto y como de penalti injusto, nos volvemos a casa con esa cara de quien pierde la final, jugando de maravilla y entusiasmando a un estadio repleto de aficionados que esperan superar la misión imposible. ¿Quién dijo que no pesaba la norma no escrita de la rotación de continentes? Pesaba tanto como si escrita fuera sobre el mismísimo pebetero que aloja el fuego olímpico. Y aun así, Madrid no
Sigue leyendo
